Para cualquier paciente con un diagnóstico vascular, dejar de fumar cambia el pronóstico más que cualquier procedimiento que un especialista vascular pueda ofrecer.
La enfermedad vascular abarca una variedad de afecciones de los vasos sanguíneos, incluidas la enfermedad coronaria, el accidente cerebrovascular y la enfermedad arterial periférica (EAP/PAD). En conjunto sigue estando entre las principales causas de muerte en Estados Unidos. El tabaco es uno de sus impulsores más poderosos y, a diferencia de la edad o la genética, es uno sobre el que usted puede actuar.
El daño comienza en el endotelio, la capa de una sola célula que recubre el interior de cada vaso sanguíneo. Un endotelio sano regula cómo se dilatan y se contraen los vasos, resiste la formación de coágulos y mantiene la inflamación bajo control. El humo del tabaco lo lesiona directamente. Una vez que ese revestimiento se vuelve disfuncional, el vaso se inflama y se hace permeable al colesterol que circula.
Lo que sigue es la aterosclerosis: el colesterol y los restos celulares se acumulan dentro de la pared arterial y forman placa que estrecha el canal y endurece el vaso. En las arterias coronarias eso produce angina e infarto; en las carótidas, accidente cerebrovascular; en las arterias de las piernas, enfermedad arterial periférica y, con el tiempo, pérdida de tejido.
El tabaco además eleva la presión arterial, lo que impone un estrés mecánico adicional a vasos ya dañados, y aumenta de forma importante el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. La diabetes daña entonces las arterias por su propio mecanismo, y por eso un paciente que fuma y además tiene diabetes enfrenta una curva bastante más empinada de lo que cualquiera de los dos factores por separado haría suponer.
Fumar aumenta el riesgo de enfermedad arterial periférica y otras enfermedades cardiovasculares. Dejar de fumar es una parte importante del cuidado vascular, incluso después de un procedimiento. La duración de los resultados del tratamiento depende de varios factores, como el estado de las arterias, el procedimiento y el control continuo de los factores de riesgo.
Esto no es un juicio moral. Es la información pronóstica más útil de la medicina vascular, y los pacientes merecen escucharla dicha con claridad y no insinuada.
La función endotelial empieza a mejorar en cuestión de semanas. La presión arterial y la frecuencia cardíaca bajan. La circulación mejora de forma medible en los primeros meses, y la distancia que pueden caminar los pacientes con claudicación por lo general aumenta. El riesgo de infarto disminuye de forma sustancial en el plazo de un año y sigue bajando durante años después.
La placa que ya existe no desaparece: ese es el límite honesto. Lo que cambia es la velocidad a la que se forma placa nueva y la probabilidad de que la placa existente se desestabilice, que es lo que causa la mayoría de los infartos y accidentes cerebrovasculares.
La terapia de reemplazo de nicotina — parches, chicles, pastillas e inhaladores — mejora de forma confiable las tasas de abandono, sobre todo cuando se combina un parche de acción prolongada con una forma de acción rápida para las ganas. Los medicamentos con receta también son eficaces y vale la pena conversarlos con su médico.
La consejería, ya sea individual o por línea telefónica de ayuda, aumenta significativamente el éxito, y la combinación de medicación y consejería funciona mejor que cualquiera de las dos por separado. Los grupos de apoyo ayudan por la misma razón: dejar de fumar es bastante más fácil cuando no se hace en privado.
La mayoría de las personas que lo logran ya lo habían intentado sin éxito antes. La recaída es parte del proceso, no una prueba de que no va a funcionar. La pregunta relevante después de una recaída es qué la desencadenó y qué cambiar la próxima vez.
Si usted fuma y tiene un diagnóstico vascular, o preferiría no adquirir uno, hable con su médico sobre un plan, o llámenos al (212) 991-9991 y lo ayudaremos a armarlo.
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