La enfermedad vascular periférica (EVP), también llamada enfermedad arterial periférica (EAP/PAD), es un problema circulatorio frecuente en el que unos vasos sanguíneos estrechados reducen el flujo de sangre hacia las extremidades. El estrechamiento suele ser resultado de la aterosclerosis: placa que se acumula dentro de las paredes arteriales hasta que el canal que las atraviesa ya no es lo bastante ancho para cubrir la demanda.
El síntoma más común es el dolor en las piernas al caminar. Los pacientes suelen describir un calambre o una tensión más que un dolor punzante, y característicamente cede con el reposo. A medida que la enfermedad avanza, el dolor puede aparecer también en reposo, clásicamente de noche, y aliviarse al colgar la pierna por el borde de la cama para que la gravedad ayude a la sangre.
Otros síntomas son más discretos y a menudo se atribuyen a la edad:
El riesgo de desarrollar EVP aumenta considerablemente con el tabaquismo, la presión arterial alta, el colesterol alto, la diabetes y la obesidad. La mayoría de los pacientes tiene más de uno de estos factores, y se potencian entre sí en lugar de simplemente sumarse. La diabetes merece atención especial, tanto porque el azúcar alto en sangre daña las arterias directamente como porque la neuropatía diabética puede amortiguar el dolor que de otro modo daría la alarma.
El tratamiento busca mejorar el flujo de sangre hacia la extremidad y reducir el riesgo de complicaciones. La modificación de hábitos es la base y no es negociable: dejar de fumar, comer bien y caminar con regularidad. Los programas supervisados de caminata en particular cuentan con evidencia sólida, por más contradictorio que se sienta caminar hacia el dolor.
Se usan medicamentos para controlar la presión arterial, el colesterol y el riesgo de coágulos. Cuando el estrechamiento es significativo y los síntomas limitan, procedimientos como la angioplastia, la aterectomía o la colocación de un stent pueden ensanchar la arteria desde adentro, y el bypass quirúrgico sigue disponible para anatomías que no se pueden tratar de otra manera.
El diagnóstico y el tratamiento tempranos de la EVP son esenciales para prevenir complicaciones graves, incluidas la amputación, el infarto y el accidente cerebrovascular. Las pruebas necesarias para hacer el diagnóstico son indoloras y rápidas. Si tiene síntomas de EVP — en especial dolor de piernas al caminar, frío en un pie o una llaga que no cicatriza —, consulte a un especialista vascular para una evaluación adecuada en lugar de esperar a ver si mejora sola.
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